CINE: LOS HÉROES DEL MAL (2015)


El primer día de clase, Aritz (Jorge Clemente) intenta congeniar con una chica del grupo, resultando su intento de flirteo en un rechazo rotundo y un posterior altercado contra un compañero del grupo. A su defensa salta Esteban (Emilio Palacios), quien evita que Aritz sea apaleado, pero no humillado. Para colmo de Artiz, la buena fe de Esteban le viene mal, porque aquel primer día es precisamente la única oportunidad que tienen los muchachos de la escuela para ganar una posición entre castas. Aritz ha sido siempre un tipo solitario e inadaptado que intenta dejar de serlo. Esteban, por su parte, parece el tío listo y con agallas. Quizá la primera impresión sea el agua y el aceite, pero contra cualquier suposición, lo que surge es una amistad pura. Hasta la llegada de Sara (Beatriz Medina), una chica de carácter masculino que viene a completar el trío de los héroes del mal que entra a los supermercados para robar cerveza, desafía y ataca a los profesores o que corre por las calles en busca de venganza contra el bullie de la escuela. Al madurar su fortaleza emocional, crece un sentimiento de superioridad gracias al que pueden hacer todo a costa del mundo de los adultos. Aritz, Esteban y Sara experimentan más allá del alcohol, las drogas y el sexo. Cada uno a su manera mantiene una batalla interna y estas emociones parecen desahogarse a través de su compañía, pero esta misma se va haciendo difícil cuando Aritz siente que Sara se interpone en su amistad con Esteban. Hay sentimientos de ira, de celos. Aritz es acosado por su propia soledad y un pensamiento destructivo que lo hace sentirse continuamente rechazado. Piensa en el suicidio y su ira se desata, al nivel de llevar a Esteban y a Sara a optar por la distancia. Al final, los sentimientos homoeróticos que Aritz ha sentido desde un principio hacia Esteban parecen obvios, pero no desembocan, no maduran, la soledad lo destruye todo y doblega al trío entre el dolor y la muerte.

El madrileño Zoé Berriatúa (1978) escribió y dirigió en 2015 este drama que aborda de forma cruda la relación entre la juventud, el bullying, el sexo, las drogas y la depresión, un caldo bien preparado que resulta en una obra hecha para mantener al espectador en la butaca, revolviéndose los sesos entre sentimientos confusos que pueden ir desde un dejo de inquietud, al relacionar los primeros 30 minutos de la película con una historia superflua, característica de las películas de la vida de adolescentes frustrados entre el despertar sexual y el adolecer en un mundo realista donde todo parece estar dispuesto en su contra. Pero también, se revuelve el estómago junto al seso cuando, más allá del minuto 30, comenzamos a ver la historia de tres muchachos inmersos en una problemática de mayor relevancia, donde la violencia y los sentimientos de abandono cuecen una historia que resulta incómoda a la digestión. Y eso, les aseguro, no es malo.

El casting de Los Héroes del Mal me ha gustado por un detalle especial: pocas veces podemos ver cintas en las que los protagonistas y los personajes del medio nos sean tan próximos en la medida estética. No tenemos a chicos de treinta años intentando ser estudiantes de preparatoria. No tenemos tampoco a modelos de revista, sino a personas que necesitan poco maquillaje. Basta echar un vistazo a las escenas que suceden en el aula: un puñado de rostros de chicos y chicas comunes, corrientes, con una belleza ibérica tácita que no necesita exagerarse o disfrazarse para hacernos la película grata a la vista. Además, el soundtrack satisface al oído de una forma curiosa, la mayor parte del tiempo escuchamos acordes de música clásica que se combinan de una forma poco común el trío de adolescentes. Podríamos más bien esperar de fondo una tonada de rock o metal, en cambio, nos dan cucharadas de elegancia en medio de la violencia. El resultado podría ser chocante para algunos, pero a mí me ha resultado bueno.

Recomiendo Los Héroes del Mal porque logra provocar incomodidad en la psique. Pasamos del odio a la conmiseración por Aritz, un personaje de la sociopatía millenial que solemos criticar ensañadamente, creyéndonos jueces de la conducta, sin pensar directamente en los efectos que el desmembramiento social hace a las nuevas juventudes.

Aunque poco ligada a ser una película LGBT, ofrece un espacio breve para reflexionar lo crudo que puede ser cuando la soledad, la adolescencia y la sexualidad cruzan los caminos, intentando no estrellarse, intentando no causar demasiado daño. 


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